martes, 12 de junio de 2012

Discipulando a nuestros hijos

Pensando en instruir a nuestros hijos en los caminos de Dios, me puse a pensar cómo era que Jesús enseñaba.

Jesús llamó a sus doce apóstoles, personas de variado transfondo y formación intelectual y académica. La mayoría, hombres muy sencillos sin preparación alguna. Jesús se tomó el tiempo para formar a estos doce y a muchos más. ¿Cómo lo hizo?



Ciertamente los llamó a seguirlo. Estos doce hombres vivieron con Jesús, compartieron sus días y noches, sus alegrías y tristezas, sus experiencias al lado de Jesús. Lo escucharon a Jesús, muchas veces, en muchas situaciones, contando parábolas para luego explicárselas a ellos en privado, lo vieron a Jesús en acción, sanando, proveyendo, etc. Fueron testigos de sus actitudes frente a las adversidades, frente a los enemigos, frente a la traición y aún frente a la muerte misma.

A su vez los capacitó para que vayan y hagan y aprendan al hacer. Los mandó de dos en dos a sanar y a predicar y a su regreso usó esa experiencia para continuar con su formación.

Ya en el Antiguo Testamento, cuando Dios nos llama a enseñar a nuestros hijos, nos dice que lo hagamos cuando estamos en casa y cuando vamos por el camino, cuando nos acostemos y cuando nos levantemos. (Deuteronomio 6:6-7). Al verlo a Jesús queda claro que es importante pasar tiempo con nuestros hijos a fin de formarlos y educarlos. El tiempo de calidad, hablar de corazón a corazón, sacarle provecho a los momentos ideales para el aprendizaje es importante. Pero estos momentos se dan a medida que compartimos tiempo con ellos, al vivir experiencias juntos de los que surge la necesidad de aprender y de enseñar. Cuanto más tiempo pasamos con ellos más oportunidades tendremos de enseñarles.

Además de enseñar y formar a sus discípulos, Jesús los nutrió en forma integral. Estaba atento a su cansancio, a su desánimo, a su ambición excesiva, a su confianza desmedida, a sus necesidades físicas y emocionales. Jesús los formó de manera integral. De la misma manera, yo debo no solo querer inculcarles conocimiento y sabiduría en forma sistemática, sino estar atenta a las necesidades físicas y emocionales de mis hijos. Si están cansados llamarlos a un lugar tranquilo a descansar, si hambrientos, satisfacer su necesidad, si tristes o necesitados, abordar estas situaciones también.

¿Cómo se traduce esto a nuestro diario vivir?
En primer lugar creo que debemos pasar tiempo con nuestros hijos a fin de formarlos. Vivir la vida a su lado. Que nos vean en diferentes momentos y situaciones y aprovechar cada una de ellas para hablarles de Dios.
A su vez, creo que debemos generar un tiempo de enseñanza sistematizada. Un tiempo donde nuestros hijos conozcan la Palabra de Dios, conozcan Su historia de manera completa. En casa usamos un programa para leer la Bibia de tapa a tapa con variados niveles de profundidad según la edad. Este tiempo es tiempo de formación anticipada. No enseñamos a la luz de un acontecimiento sino con la idea de que conozcan en forma más amplia quién es Dios y que ha hecho por ellos.
Asegurarnos que estén en condiciones de aprender, que estén descansados, bien alimentados, emocionalmente contenidos, etc.
También es bueno darles la oportunidad a nuestros hijos para que vayan y hagan... y aprendan al hacer. Dejarlos vivir experiencias de servicio, de exposición gradual a distintas situaciones que nos permitan luego formarlos en éstas áreas que elegimos previamente.
Y en todo momento, mostrarnos cómo ejemplo de seguidores de Jesús. Que ellos vean cómo respondemos nosotros a las dificultades de la vida, a las adversidades, al temor, al trabajo, etc. ¨Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.¨ 1 Corintios 11:1. Pablo decía esto a sus discípulos. Si bien parece muy difícil, debemos decir esto a nuestros hijos. Y cuando fallemos en imitar a Cristo, que vean nuestro proceso de arrepentimiento. No somos perfectos. Volver a Dios cuando nos equivocamos es parte de lo que queremos que aprendan...

Cuando comencé a crecer en mi fé, Dios siempre puso mentores, personas que me discipularon y me enseñaron de El, me capacitaron para estudiar Su Palabra. Qué privilegio y responsabilidad tenemos de discipular a nuestros hijos.

Sin duda una de las razones más importantes por las que educamos en nuestro hogar, para discuplar a nuestros hijos.

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